viernes, 5 de junio de 2009


Pasa una tras otra... por la eterna Alameda, en direcciones distintas, con personas diferentes, y yo estoy en el paradero de Santa Lucía esperando la mía.

Hay ocasiones en que uno tiene la oportunidad de poder reflexionar de manera tan profunda que no es necesario un lugar solitario para poder disparar al cielo todas nuestras ideas o sueños, pero para ellos nada mejor que un paradero de "transantiago" esperando la eterna 401 (la micro del pueblo por J. E. Furche Rossé).

Pensando tantas cosas, cambiando tantas historias que todas llegaban a ese momento en que necesitaba de tu mano suave y de tu mirada penetrante al momento de amar. Reía cuando urgeteaba en la cartera de mi mamá por $100 pesos y lloraba en esas frías noches de la "alma mater".

Como ha pasado el tiempo si ayer como dos niños caminabamos de la mano por el "Botanico" y pensábamos que nuestras preocupaciones llegaban hasta ese verano y que después, todo sería como siempre, algo monótono, algo que no importaba. Y ahora estamos tan juntos, tan dentro de cada uno, que la necesidad de tenernos se hace cada vez mas urgente y prioritaria... amarte es algo tan fundamental como respirar.

El sonido característico del centro se complementan de tal forma que siento que tuviera a la ONSJ de Chile tocando frente a mi y es de esa forma como sigo cayendo en tus labios, en tu pelo y en tu cuerpo... inolvidables momentos.

Siento que esperar la micro se hace tan eterno como la necesidad de sentirte, llega a sonar absurdo y hasta quizás extraño que se complemente la espera de una "micro" con extrañarte, pero mi pensamiento es tan especial que si se lo cuento a un sicólogo se que terminaria el mismo tratándose de no poder entender tantas cosas.

En Santa Rosa diviso ese letrero electrónico, llego el momento de partir y quizás en otra ocasión volveré a mirar desde mi lugar... un eterno viaje de momentos y añoranzas que mientras voy avanzando por la vida se van complementando cada vez mas con la tuya para formar... nuestra historia.