domingo, 19 de agosto de 2012

VIAJAR



Una sensación única, salir y ver la noche desde otra perspectiva, recorrer lugares y mirar el cielo como va cambiando y sentir que es una eterna melodía de paz.

Salir desde el frio sur de Chile atravesando pozas de agua y despedirse con un suave abrazo que es señal de que volveré si Dios quiere. Asiento, ventana número 9, Salón Cama y nos enfilamos por Pedro Aguirre Cerda hacia el norte, y en estas horas puedo tener la oportunidad de reflexionar muchas cosas que viví o que anhelo repetir, recordar que detrás mío dejo un lugar que extraño pero que siento que ya no es mi lugar. Es raro pero la ruta cuando es de noche tiene un sentido especial, una especie de melancólico romanticismo, que nos recuerda sentimientos y situaciones que uno quiere dejar atrás, lo es así quizás como el padre que en la oscuridad del camino va llegando a sus hogar descansar y recibir el suave abrazo de su hijo que anhela verlo cruzar la puerta de la casa quien solo espera dejar atrás el día de trabajo, simple o no yo espero que el auxiliar corte las luces para enfilar camino hacia mi destino, atravesando pueblos, restoranes del camino, hostales, bencineras, peajes y avisos camineros que anuncian algún producto que en mi vida me serian necesario como lo son los “plaguicidas”. Despidiendo la XIV Región entro por la Ruta de la Araucanía y en el silencio de la noche logro ver las estrellas que me indican que las nubes y lluvia de Valdivia han quedado atrás. 00:20 y Temuco como ciudad grande me saluda y se despide rápidamente hay que seguir, el camino es largo, la Panamericana es un lugar de muchas penas, lo es ver sus animitas en el camino cada una de ellas tiene un triste final que me hace temer “a veces” si llegaremos a destino. Lautaro, Victoria y Collipulli, la Provincia de Malleco completa ve mi pasar y con una suave brisa entro al Biobío. Famoso “Inspector Fernandez”, similar a “Peor es Nada” en la VI Región o “Pichirropulli” en la XIV Región, algún día lo conoceré… con suerte serán 3 casas y mas, pero con los tremendos letreros camineros uno cree que es un Nueva York cualquiera. En seguidilla veo un deslumbrante Chillan y miro mi reloj 03:10 horas y no he dormido nada ya que espero solo una cosa de niño siempre lo hago y cuando lo pienso concluyo que aún queda algo de ser niño. La cuna de Violeta Parra (San Carlos) avisa su aparición y a su vez me despide del Biobío para entregarme al hermoso Maule y la Cordillera de los Andes comienza a ser cada vez más cercana. El frondoso bosque y las pozas de agua ya no existen, el cambio es en 180° ahora los viñedos y grandes industrias del “agro” ven el rápido pasar que conste de los 100 no puede pasar. Parral, Linares y Talca ya me indica que hay que mentalizarse que la noche paso rápido y son las 5:00 am, no habrá tiempo para descansar. Los letreros de “tortas curicanas” y las primeras luces del hermoso amanecer que se avecina me dicen que me despido del Maule y de a poco la gente con sus bicicletas salen al camino, mas abrigadas que hijo único, quizás donde irán no lo sé pero lo que ya puedo sentir que los postes se apagan y todo es más claro, suaves bancos de niebla matinal me anuncia que el Valle Central está en su plenitud y justo al mirar la cordillera veo salir un tímido rayo de sol que me dice “Bienvenido a la Sexta Región”.



“No perder jamás la alegría de ser niño ver el amanecer en la ruta y saber que si es posible tener un momento de niñez en una inducida madurez”

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